EL CORAZÓN CONTRADICTORIO DE UNAMUNO
A lo largo de la historia hemos sido testigos del actuar de personas que tocadas por una cualidad inquebrantable, reconocida como fe; han logrado edificar un sistema de beneficio-obligación (llamado religión) para quienes deseen seguir sus enseñanzas y códigos morales. Esta atracción por los profetas no se da en terreno infértil, sino que se desarrolla al interior de la mayoría de los individuos, su vida espiritual que requiere una y otra vez esperanza de trascendencia. Por ello difiero con la cascada de análisis cordial-racional que Miguel de Unamuno despliega en su ensayo “Mi religión”. Pondero, sobre los argumentos como vaivén de olas a favor y en contra de abrazar un credo y entregarse espiritualmente a él, que la inconsistencia y la contradicción son factores que conducen al vacío existencial.
Me subyuga la manera en que su corazón desea acercarse a la divinidad con una entrega casi completa, al segundo siguiente todo su espíritu sale de sí; como caballo desbocado a buscar todas las razones científicas para negar cualquier posibilidad de pertenecer y amar a un ser superior.
“(…) Mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob.” Dice Unamuno, dividiendo su ser hasta el cansancio. Me recuerda a cierto pasaje de los evangelios en que Jesucristo dice a sus seguidores que los tibios o grises de corazón; es decir, los que no tienen total convencimiento, son prescindibles.
Al no sostener una posición definida, los argumentos del escritor me parecen débiles. El texto se disfruta, su pensamiento es creativo, las ideas fluyen atrayendo siempre al que lo lee; pero para mí, sus palabras a favor y en contra de un ser omnipotente me parecen como un puñado de arena que al tratarlo de aprisionar con fuerza se va deshaciendo con rapidez entre los dedos; para perderse como ya dije, en una inconsistencia fatal.
No nos encontramos frente a un ateo, sino frente a un hombre que lucha con su parte racional y su parte espiritual, quedándose tristemente en un limbo solitario en el que no caben las clasificaciones ni se depositan certezas. Tampoco se abre la puerta a la alegría de creer por creer; después de todo, la vida es un camino incierto a cada paso que se da, ¿Porqué Dios, en toda su magnitud e inconmensurabilidad había de mostrarse tal cual para satisfacer curiosidades egoístas?
“Si se tratara de algo en que no me fuera la paz de la conciencia y el consuelo de haber nacido, no me cuidaría acaso del problema; pero como en él me va mi vida toda interior y el resorte de toda mi acción, no puedo aquietarme con decir: ni sé ni puedo saber” afirma Unamuno al defender su no rendición ante un problema que escapa al orden del cientificismo, de los fenómenos palpables, clasificables y por tanto; bajo la mano del hombre.
Al abandonarse a la fe absoluta se corre el riesgo de perder, pero si llegamos al final de esta vida con la sólida creencia de que el cuerpo se corromperá y pasará a formar parte de la tierra como cualquier otro ser viviente sobre la faz de este mundo, entonces a mi parecer, echamos a un incinerador todo lo aprendido en vida, lo que se ha experimentado, tanto el dolor como la felicidad, el conocimiento y ese ser irrepetible que somos todos termina depositado al lado de raíces, materia y espíritu disueltos en la nada.
Tendríamos que ser solamente funcionales y no tener la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, el bien supremo entonces; es Dios cualquiera que sea su naturaleza.
Al no creer, Unamuno pierde su vida en el limbo. Su contradicción no es sino el abono para que más árboles paradójicos crezcan en su interior. No hay ni habrá pruebas a la medida de los hombres acerca de la posibilidad de Dios. Su misterio ataca el corazón y se despliega en todo su esplendor en un fenómeno improbable que se llama fe.
Dentro de la fe puede existir un hombre culto, con la preocupación de afinar su relación con un ente al que pertenece, de ser partícipe de la construcción de un mundo de ideas racionales, siempre protegiendo la llama interior de la duda, la que provoca investigar y analizar porque un edificio con bases de cartón no sirve, todo se volvería palabrería que no alberga sino un espíritu lastimado por la no convicción de ser parte de un orden superior, y ese nivel está más allá de la ciencia y el ego. No existe.








