PASO AL FRENTE
Paso al frente y voces que sean escuchadas, es lo que demanda la sociedad loretana. La desesperación por la grave situación económica está moldeando el ánimo de las familias originarias y las que por arraigo consideran que el municipio de Loreto ha sido maltratado.
Coraje por la impunidad y la prepotencia han sido los aderezos con los que los pescadores, taxistas, comerciantes y empresarios han tenido que malcomer y extender hasta el infinito expectativas de una mejoría; aplazada continuamente de manera absurda; ¿qué queda? ¿reír o llorar?
La clase política nada tiene que ver con lo que la gente sufre día a día; ya que tienen asegurado un pan en su mesa, zapatos y ropa para sus hijos; entretienen las horas en intrigas y en desgastarse por ser los ungidos, están embrutecidos de antemano ante la necesidad y el dolor de los más necesitados.
Paso al frente la población que se apila en mosaico de nuevas culturas; Loreto necesita oportunidades para todos, sino que le pregunten a Cristina de la Cruz Zopiyaztli, originaria de Veracruz y que llegó como muchos trabajadores a una ciudad que prometía la posibilidad de casa y empleo seguro, ahora; desempleada recoge botes en la carretera para mantener a sus hijas Rosalía y Ana María; hacinadas en un cuarto de madera en la colonia Miramar, sin agua ni electricidad.
Quienes aspiren a elevar la calidad de vida de las familias ubicadas en la periferia y en los ranchos alejados, tendrán que involucrarse de lleno con sus necesidades y llevar hasta ellos las soluciones. El palacio municipal, no debe ser una fortaleza en la que se ponga a prueba a la paciencia de las personas para ser escuchado y resueltas sus peticiones.
Imelda Calihua Carrera de 24 años, se las arregla con el salario que a veces trae su marido cuando consigue trabajos de albañilería; sus niños Miguel Ángel y Anitza juegan en un terreno pequeño rodeado de cardones, sus caras están requemadas y enrojecidas por el tremendo calor que los atrapa en una sección de la Miramar que parece olvidada.
No quieren regresar a su lugar de origen porque sería dejar lo poco que aquí tienen, además les han prometido que pronto todo mejorará; así ha pasado el tiempo y los niños no han dejado de crecer ni de necesitar comida y escuela.
Mujeres que han resistido vivir en medio del desierto, han dejado la vegetación de sus lugares para construir un hogar en Loreto para vivir dignamente; han tomado los empleos más extenuantes y peor pagados para darles estudios y una casa a sus hijos, que por adopción a esta tierra merecen dejar de vivir en una línea tan delgada, en la sobrevivencia.
Alejandra María Osuna de 47 años ha despedido sus fuerzas y juventud trabajando a la par de su marido, excavando la tierra pedregosa de su terreno, cargando costales de cemento y bloques y haciendo “cundinas” para ahorrar y seguir construyendo una casa para sus hijos y nietos.
Sus manos gastadas hablan de intenso trabajo, en Oaxaca solía trabajar así también, pero ha depositado sus esperanzas en un municipio que ha tenido la marca de la promesa de trabajo: abundante y bien pagado para todos. A la sombra de sus árboles cocina, a veces prepara tamales, birria o pozole y aumenta sus ingresos, una fe inquebrantable en Dios y la solidaridad que ha inculcado en su familia, le ha hecho más llevadera la vida.
Mientras los aspirantes a los puestos de la siguiente administración negocian entre partidos, traicionan siglas, otros son engañados por sus compadres, los ilusos juegan a sabelotodo, los avispados se deslizan con la suavidad de una seda a la pluma del que da y quita y los inteligentes pierden; las mujeres de las colonias vulnerables, los más pobres se sientan a platicar afuera de sus casitas a platicar, sonreír y ver jugar a sus hijos; no muy tarde, porque no hay electricidad en sus casas y resulta peligroso que corran por el monte así, tan peligroso como vivir un presente y futuro en el que no se les tome en cuenta y no se les devuelva la dignidad que merecen.
Paso al frente, un respiro a quienes le han apostado a Loreto, su patrimonio y sus vidas en una vorágine que de no detenerse y tomar su sitio, arrasará con la esperanza de sus habitantes.











